5 valores para el futuro emerge

ha terminado la reunión de “el futuro emerge”, y nos acabamos de despedir de Iban, al que Gaizka acerca a la rotonda del soplador, en Las Arenas, tras despedirnos poco antes de Maite y Tomás en Artxanda,

y jugando con las palabras, Gaizka me ofrece el título de la reunión, harri, herri, hiri (la piedra, el pueblo, la ciudad), una evolución que empieza con la piedra, con todo lo que la piedra nos ofrece, de dureza, de realidad física, de verdad,

para pasar al pueblo, a la comunidad viva, a la relación, ese pueblo en el que antaño se desarrolla una cultura de sostenibilidad, como en ese caserío tradicional que hoy, con la legislación vigente, es imposible construir,

auto-suficiente, con la carne de matanza, con las gallinas y los huevos, con las verduras de la huerta, con un proceso de intercambio de bienes en las plazas de los pueblos, con un diseño de espacios relativamente eficiente,

los humanos en el piso de enmedio, para aprovecharse del calor del ganado, en el piso inferior, sobre la fría piedra, el agua calentada por el fuego del hogar, y el piso de arriba destinado a los frutos de la cosecha,

un pueblo abierto y conectado por medio de la fraternidad,

con esa autosuficiencia que se diluye con la especialización, y con el acceso a la ciudad, esa ciudad que no se atisba desde Artxanda, según llegamos y nos sentamos a la mesa en el restaurante Txakoli apenas se atisba Bilbao ahí abajo, en el botxo,

parece como si el tiempo no hubiese pasado desde la última reunión en Ene-Peri, desde donde nos es imposible divisar San Juan de Gaztelugatxe, reconvertido en Rocadragón,

una niebla que se va a disipar a medida que avanza la comida, como si la visión que un grupo de personas trae, por medio de la conversación, con relación a la piedra y a la tierra, la verdad, al pueblo, convertido en fraternidad,

y a la ciudad, centro de encuentro, de desarrollo y de innovación, ahora visible tras las cristaleras, nos ayudase a preguntarnos qué valores trae la modernidad, qué valores nos trae la ciudad,

y emergen de la conversación unas pocas palabras,

apertura, respeto, libertad,

sí, en un listado de valores y comportamientos que bien pueden arropar nuestra visión inicial de este futuro que emerge, en presente continuo, de hecho no para de emerger, y está en nosotras decidir de qué forma nos posicionamos,

nos resistimos, negamos lo que está sucediendo, o nos prestamos para que lo mejor que está por venir se haga presente, con nuestra humilde colaboración, desde este grupo de 5 personas que nos reunimos hoy aquí,

para observar cómo la niebla se disipa, ha dejado de llover, el suelo está húmedo, se abre el sol,

en esta conversación que habla de la naturaleza (el ser humano reconectado con la tierra), del pueblo (el ser humano conectado con el otro), y de la ciudad (individuos aglomerados y separados por tabiques, de nuevo en contacto con nuestro Yo soy),

harri, herri, hiri, o la re-conexión con la naturaleza, con el otro, con mi Ser,

muchas gracias, Gaizka, Iban, Maite, Tomás,

qué bonito coincidir.

   así lo vimos…

la verdad de la tierra, la fraternidad que surge de la relación con el otro, la apertura, el respeto, la libertad que anhela mi Ser, son 3 movimientos de re-conexión de los que Otto Scharmer habla en la teoría U,

la naturaleza, el otro, mi ser,

3 movimientos de re-conexión necesarios en esta sociedad compuesta por seres humanos radiantes, conectados y en conexión, que conversan y se relacionan en el proceso de creación de comunidad, común unidad,

qué bonito, qué bueno, qué necesario,

re-conectar.

 

 

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